27 febrero, 2010

Corriendo y sin saber por qué

Empecé hace un mes, y desde entonces he salido a correr ocho veces con distancias entre cuatro y seis kilómetros. Nunca se me ha dado bien correr, ni tenía aptitudes ni sabía cómo hacerlo. Pero desde que empecé hace un mes, cada día me he sorprendido un poco más.

Por primera vez en mi vida disfruto corriendo: los pulmones no están a punto de estallarme y las piernas responden con eficacia. Llevaba cerca de un año sin hacer deporte, y los últimos meses en USA fueron catastróficos y gané varios kilos. Desde que estoy en bélgica mi dieta ha cambiado hacia unas comidas y hábitos mucho más saludables. También camino seis kilómetros todos los días para ir y venir de la universidad. Este ha sido mi único "entrenamiento".

Hoy me había propuesto batirme a mí mismo y correr ocho kilómetros. Me he levantado a las ocho de la mañana, ansioso por salir. El día no podía ser peor: unos tres grados, completamente nublado y lloviendo en abundancia. Pero he salido igual.

En mi cabeza tenía la ruta a seguir, pero pasados los cuatro kilómetros se me ha plantado un cruce que no tenía en mente y me he perdido.  No he parado de correr. Recorría una recta, me daba cuenta de que no tenía salida y volvía. Bajaba una cuesta, intuía que me estaba alejando y volvía a subirla. He cambiado el modo en el pulsómetro para que sólo mostrara las pulsaciones, y así evitar ir haciendo cálculos mentales de tiempo y distancia. He preferido no saber lo que estaba haciendo.

En un momento dado he reconocido la torre de la catedral, y ya con esa referencia y tras serpentear por varios caminos he llegado a casa. Justo cuando enfilaba la última recta ha dejado de llover y ha salido el sol, que me daba de frente. La danza de la realidad!

Los últimos cien metros he parado y he seguido andando para ir bajando pulsaciones. He mirado el pulsómetro: 1h 18min 16sec, y rápido he hecho cuentas: con mi ritmo de tortuga anciana, entre trece y quince kilómetros. He llegado a casa riéndome a carcajadas y haciendo palmas.

Qué felicidad!