10 marzo, 2010

Recibiendo visitas

Siguiendo con la lista de visitas, la semana pasada fué sin duda la más ajetreada desde que llegué a Bélgica. El martes llegaron Fran y Nito, sevillanos, que viajaban desde La Rochelle justo cuando La Rochelle se volaba con vientos de hasta 160km/h. Así es que después de mil y una peripecias consiguieron llegar al destino.

El resumen podría ser algo así como mucha calle y poca cama. Estuvimos en Bruselas y en Amberes, aguantando el frío y tropezándonos con nuevas historias a cada rato. Volvimos a establecer nuestro campamento base en el bar de cocktails, y a ellos también los reté a beber más de dos cervezas Bush.

El viernes finalmente montamos en el tren a Bruselas, y mientras ellos se bajaban en la estación norte, yo continuaba hasta la sur para recoger a otros tres amigos: Peseta, Morote y Mari. Así, casi sin dormir y sin saber en el día en que estábamos.

Y como iban apretados de tiempo, decidimos apretarnos nosotros también. Visitamos Bruselas y Brujas. Intentamos trasnochar, todo lo que nuestras fuerzas nos lo permitieron. Nos reímos a pecho descubierto, y apenas intuimos la cama.

Las vecinas volvieron a quejarse, esta vez a las diez y media de la noche y en la modalidad de abrir la puerta de su habitación y soltar un grito desgarrado que, imagino, guardaba algún improperio. Pero cualquiera se agachaba para recogerle el guante.

La gente se fue contenta. Fue como un disparo: zas y todo había pasado.

Ahora me toca a mí: este finde en Murcia.