Hace muy poco he descubierto el blog de Sergey Brin, uno de los dos creadores de Google, y hay una entrada que me ha dejado pensando durante bastante tiempo. No sé si sabéis que la mujer de Sergey tiene una empresa, 23andMe, que básicamente se dedica a realizar análisis de ADN y generar informes según tus intereses. Todo ello por internet: te mandan un pequeño kit, tú se lo devuelves con tu muestra de saliva y al poco recibes el informe.
Bien, la cuestión es que la madre de Sergey padece Parkinson, enfermedad sobre la que no se tiene la certeza de que sea hereditaria aunque parece que existen bastantes sospechas fundadas. En concreto, parece que la presencia de una mutación en un determinado gen (conocida como G2019S) puede ser indicador de que se desarrollará la enfermedad con una probabilidad que oscila entre el 20 y el 80%.
Todo esto en palabras de Sergey, yo no me he puesto a investigar sobre el tema.
Obviamente, teniendo una mujer que se dedica a hacer análisis de ADN y una madre que padece la enfermedad, Sergey se hizo el análisis y resulta que posee el gen mutado bajo sospecha.
Lo que me ha dejado pensativo es la reflexión de Sergey sobre el asunto: aún con una incertidumbre altísima, sabe que en el futuro podría desarrollar la enfermedad. A él le alegra tremendamente tener la oportunidad de saberlo ya, con tantos años de antelación, porque así tiene tiempo de combatirlo y prepararse para ello: hacer deporte, mantener la mente activa o incluso donar dinero para investigación.
Para mí no está todo tan claro. Lo primero que he pensado es que con una probabilidad de entre el 20 y el 80%, invertir parte de tu energía en combatir la enfermedad es poco menos que combatir un fantasma, además de una manera absurda de condicionar tu vida.
Pero pensándolo bien, todos invertimos energías en cosas similares: tenemos la sombra de la enfermedad planeando sobre nuestro día a día. Beber leche para evitar enfermedades de los huesos, no comer grasas para combatir el colesterol, hacer deporte para tener un corazón fuerte y evitar infartos,...
El espectro es tan amplio y nuestros conocimientos tan limitados, que lo que hacemos es combatir todas las enfermedades que pudieran cruzarse en nuestro camino, lo que a todas luces representa un fantasma mucho mayor que al que se enfrenta Sergey, ya que él lo tiene perfectamente identificado.
Obviamente es una cuestión de personalidades y enfermedades: poner en conocimiento determinadas enfermedades a determinadas personas podría arruinar su vida. No todos somos igual de fuertes, ni todos interpretamos la vida de la misma manera. En cualquier caso, no me importaría si el día de mañana alguien se acercara a mí con un análisis de mi ADN y me dijera: estas son las enfermedades que padecerás, empieza a combatirlas ya.